mimosa

El día que vino C. tembló Japón. Lo pensaba ayer mientras abríamos la botella de vino. Tiene el nombre de su padre grabado en el cristal: S. Farina. Yo sé que él me reprocha desde dentro que ya no me conmueva al pensar en aquella primavera, que no sepa darle la réplica de sus versos, que no recuerde la canción que escuchábamos cuando volvimos del aeropuerto al pueblo y yo me bajé del coche para fotografiar el bosque.

Han pasado algunas cosas estos días, la televisión prendida todo el tiempo, pero yo no estaba por aquí. También volvimos a sentarnos bajo la mimosa de Carla y a reír como entonces. Quién nos lo iba a decir.

El pequeño V. llegó a nuestra casa con su pasito corto.

A veces, basta con retomar la huida para seguir hacia delante. Ahí voy.

Archivos

Entradas recientes

am Written by:

6 Comments

  1. 3/24/2011
    Reply

    “A veces, basta con retomar la huida para seguir hacia delante. Ahí voy”.
    Feliz huida entonces
    Un abrazo

  2. 3/24/2011
    Reply

    Tumosa de Carla es tan bonita. Como para sentarse en esa mesa a leer en voz alta los sonetos de Lope de Vega.

  3. 3/24/2011
    Reply

    Sumosa como mucho.
    jeje… Leer a Lope de Vega es de las últimas cosas que se me ocurre hacer en esa sombra.

  4. Qué agradable resulta leer sin saber de qué se trata, simplemente dejándose llevar por la música del tono y las palabras, como en un río.

  5. 3/25/2011
    Reply

    Tienes un blog muy acogedor, me quedo por este lugar.
    :)

  6. 3/26/2011
    Reply

    …y que la mesa no cojee, es lo que ansiaría.
    Besitos, linda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *