Todo ha quedado clausurado, la puerta metálica de los deseos, abierta
desde una madrugada de edificios. Aquella risa vil de sus ventanas. Carcajada de luz,
voyeur atónito.
Nos han envenenado con la súplica
de un trabajo veraz, de una casa con flores
y a cambio solo vemos
una vida torcida. Hay fronteras eléctricas entre cuerpos hermanos, una costilla
exacta
alrededor del mundo. Hay mujeres morenas,
doloridas de amor que se tragan el hambre
en la fila del jueves.
No escribo para nadie. Siempre guardo un espacio

para luego. No escribo para ti. Ni para entonces.
Mi latido es un paso
en un zapato alto por la calle. Ha caído otro verso
asesinado.
Ya sabes que respiro, que aquella del jardín es la tibia luz verde
de mi casa, la que cela la huella de arena de aquel día
bajo el árbol.

Como un tesoro prohibido.

Como la tiza amarga que dejan los cadáveres.
Como el anzuelo gris

que no elegiste.

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9 Comments

  1. 11/4/2011
    Reply

    pues gracias por decir eso

  2. 11/5/2011
    Reply

    Así, sin perder tiempo, ni el tiempo, dejas una huella clara de las pérdidas.

    Es lo que hay, pero si no se dice, como haces tú, corremos el riesgo de que nos invisibilicen el dolor.

    Muy bueno, Aroa

  3. 11/6/2011
    Reply

    huy, se ha borrado el comment, bueno, decía, gracias, amigos, y que el dolor no es más o menos dolor por hacerlo visible, solo es parte del show de la poesía.
    Un abrazozozozote.
    Aroa

  4. 11/24/2011
    Reply

    “Mi latido es un paso
    en un zapato alto por la calle. Ha caído otro verso
    asesinado”.

    Bien por esos asesinatos que cometes.
    Me encantan, señora lorquiana.

  5. 11/24/2011
    Reply

    es que la vida se me ha puesto romancera, qué se le va a hacer

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